Tiene algo de erótico la relación que existe entre un lector y un libro. Ese pasar las páginas apenas rozándolas con la yema de los dedos, acariciando las líneas, las formas del libro antes de abrirlo.
Hay un tipo de sensualidad no dicha en la forma que cada uno tiene de saborear las palabras, paladear las letras, recorrer con los ojos velados por la emoción las líneas de una historia, acaso con un nudo en la garganta levantando la vista para rememorar lo ya vivido antes de seguir adelante.
Esa manera tan peculiar con la que percibimos el olor de un libro, aguzando el oído para poder disfrutar de ese crujir característico de un lomo nunca abierto, tal vez acercándonos aún más a él, anticipando el placer que sabemos nos va a provocar. Y acaso tengamos suerte y podamos sentir con los primeros párrafos ese cosquilleo familiar de quien sabe que está en palabras seguras, en abrazos de letras que buscaremos una y otra vez en los estantes de bibliotecas y librerías.
Porque los lectores nos enamoramos, compartimos sueños de la forma más literal posible con aquel título que nos desvela al llevárnoslo a la cama, y buscamos cada hueco para poder avanzar un poco más, escondiéndolo incluso de las miradas ajenas como si fuera un amante furtivo del que sólo nosotros queremos disfrutar. Y como somos egoístas, a veces no lo compartimos. Si nos ha llegado realmente al alma, nos resistimos a ello, tal vez de forma egoísta o simplemente por el temor de no verlo apreciado por quienes nos rodean en la misma medida que nosotros lo hicimos.
https://www.youtube.com/watch?v=KokDj-WJAM8
https://www.youtube.com/watch?v=8ukmbaT8pu8